La falacia del espantapájaros consiste en poner en la boca del interlocutor argumentos que nunca dijo. Posteriormente, se rebate ese argumento desde la propia invención, dando la sensación de que se ganó la discusión (vía wikipedia).

Hoy cuestioné en mi cuenta de twitter el manejo de baterías digitales para distorsionar y contaminar la opinión pública en canales sociales, en especial para atacar a quienes tenemos una postura crítica contra el gobierno.

Los ciudadanos que participan en actividades políticas, con interés genuino, no se dieron por aludidos, su conciencia les da testimonio de lo que hacen en la intimidad de su equipo de cómputo.

Quienes no tienen las manos manchadas no debieron darse por aludidos, no tenían por qué reaccionar con violencia tratando de poner palabras en mi boca, al estilo del espantapájaros, para tratar de deslegitimar la crítica. Los enfrenté con la misma determinación que acostumbro a combatir la corrupción en el mundo 1.0.

Los politiqueros tiene su escuela de “trolls”, todo un ejército de baterías para ofender adversarios ya sea dentro o fuera del partido, una versión moderna de las purgas autoritarias de ayer, enfocadas contra la integridad moral y dignidad de quien se atreva a ser disidente. A mi no me van a callar.

Si dentro de la irresponsabilidad de este gobierno se permite desviar fondos públicos para patrocinar crímenes contra la libertad de expresión, tendrán en este bloguero quien los denuncie y los lleve a los Tribunales. Hasta aquí llegaron.

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