¡Limón, Limón! En 1979 trabajé como jefe del OIJ en Limón, con oficiales como Morera, Grant, Romano (q.d.D.g.), Doyle y otros excelentes investigadores.
Los homicidios, los accidentes, las huelgas. Recuerdo a Miguel Martí cuando hacía sus primeras armas en comunicación. Uno de aquellos fiscales llegó a ser magistrado. Casi treinta y tres años después el deterioró social ha llegado a lo que sospechábamos desde entonces. Don Jorge Chavarría me sucedió en esa jefatura en el puerto del Caribe y el hizo toda su carrera en el Poder Judicial. Yo escogí el ejercicio privado.
¡Limón, Limón! De 1994 a 1996, esa comunidad era nuestra mayor preocupación. La comandancia fue asumida por el viceministro y se reforzó el número de policías y las acciones preventivas. Los índices de criminalidad llamaban la atención, pero no se habían alcanzado las tasas actuales de dos dígitos en asesinatos.
¡Limón, Limón! El año pasado, el fiscal Gamboa Sánchez lideró un proyecto con las policías y los jueces, que redujo los niveles de criminalidad. Encarceló como corresponde, a los hampones que atacan a la sociedad caribeña. El plan se desplomó por falta de apoyo político y la victimización se disparó nuevamente.
¡Limón, Limón! El miércoles pasado, don Jorge Chavarría volvió al puerto, esta vez para cumplir con una tarea muy desagradable: Detener a un fiscal cobrón. Aprehender a un subalterno de esa fiscalía que se atrevió a vender la justicia por mil dólares. Por esos miserables denarios, engavetó un expediente para que la causa prescribiera y un criminal se salvara. Qué profundo ha penetrado el desmadre de la corrupción.
¡Cobrón, cobrón! Si un funcionario recibe una coima es un corrupto, no hay duda. Pero si un fiscal o un juez (como uno que echaron del Tribunal de Pérez Zeledón) recibe un “soborno” de uno, mil o sesenta mil dólares es un vulgar cobrón.
¡Cobrón, cobrón! Si la justicia es lenta e incumplida. Si hay fiscales que tardan 30 meses para ordenar una prueba y jueces que duran más de un año para resolver un asunto, resulta terrible que ahora hayan funcionarios capaces de cobrar unos pesos por retrasar aún más los procesos. Si a un sicario le cobraron mil dólares por “la salvada”, a un extorsionista o a un defraudador le cobrarán cien dólares o un gallo pinto.
¡Atención, atención, atención! Los magistrados deben seguir el ejemplo del Fiscal General. Vayan con don Jorge a detener a los pillos que se están multiplicando a la velocidad con que se reproducen los coliformes. Ya es hora de actuar con fuerza y transparencia, empezando por los que se enriquecen con las oscuras consultorías internacionales mientras cobran dedicación exclusiva. El licenciado Chavarría señaló el camino de la dignidad y el respeto de la gran mayoría de los funcionarios y funcionarias judiciales.


